Lo mejor es…

Lo mejor no es el pecho.
Lo mejor tampoco es el biberón.
Lo mejor no es que lo cojas.
Lo mejor tampoco es que lo dejes de coger.
Lo mejor no es que lo tumbes así.
Lo mejor tampoco es que lo tumbes del otro modo.
Lo mejor no es que lo tapes de una forma.
Lo mejor tampoco es que lo tapes de la otra forma.
Lo mejor no es que lo abrigues con esto.
Lo mejor tampoco es que lo abrigues con aquello.
Lo mejor no es que le des purés.
Lo mejor tampoco es que le des trozos.
Lo mejor no es lo que te dice tu madre.
Lo mejor tampoco es lo que te dice tu amiga.
Lo mejor no es que esté con una niñera.
Lo mejor tampoco es que vaya a la guardería o esté con abuelos.
Lo mejor no es que siga ese tipo de crianza.
Lo mejor tampoco es que siga ese otro estilo de crianza.

¿Sabes lo que realmente es lo mejor?

LO MEJOR ERES TÚ.

Lo mejor es lo que a ti te hace sentir mejor.
Lo mejor es lo que tu instinto te dice que es mejor.
Lo mejor es lo que a ti te ayuda a estar bien también.
Lo mejor es lo que te permite a ti ser feliz con tu familia.
Porque si tú estás bien, ellos reciben lo mejor. Porque lo mejor eres tú.
Porque si tú te sientes segura, ellos también se sienten seguros.
Porque si tú crees que lo estás haciendo bien, tu tranquilidad y felicidad les llega a ellos.

PORQUE LO MEJOR ERES TÚ.

Dejemos de intentar decir a cada madre / padre qué es lo mejor.

PORQUE LO MEJOR REALMENTE PARA TUS HIJOS ERES TÚ.

Tomado de: Pediatra colocó un cartel en su consulta y se vuelve viral tanto que revoluciona a las madres

El poder del Poder Pañal

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Nuestro hijo es un hermoso regalo de Dios y cada día damos gracias por su presencia en nuestras vidas. Estos dos últimos años viéndolo crecer y vinculado a su crianza han sido maravillosos y sobre todo, un reto constante. Me gusta participar de todas las actividades que pueda compartir con mi hijo, salvo de la alimentación con leche materna (por obvias razones 😀) y de la rutina de higiene dental en la que mi esposa se ha convertido en toda una maestra con las acrobacias necesarias cual contorsionista del Cirque du Soleil. Es decir, que intervengo en la alimentación, en el entretenimiento (haciendo trampa con ayuda de algunos energizantes que consumo 😉), en el baño, en el cambio de pañal, acompañándolo a dormir y demás actividades del día a día. No, no y no, la verdad que no ha sido fácil porque el cuarto de nuestro hermoso y dulce angelito en ocasiones se convierte en un campo de batalla comandado por un pequeño estratega que quiere hacer todo a su manera, ABSOLUTAMENTE TODO. En esos casos, lo peor que se puede hacer es alterarse, porque como mencionan Daniel J. Siegel y Tina Payne Bryson en Disciplina sin lágrimas, “en los momentos en que están más alterados es cuando los niños más nos necesitan”; y es ahí compañeros de paternidad, que aparece Poder pañal, una estrategia para generar una “conexión que los lleva de un estado reactivo a un estado en el que pueden ser más receptivos a las lecciones que queremos enseñarles y a las interacciones saludables que queremos compartir con ellos”.

¿Pero qué viene siendo? Para nosotros es un choque suave de puños, pero para ustedes puede ser cualquier cosa que se les ocurra, algo que tenga un nombre pegajoso, que les llame la atención a los niños, y que sobre todo, les arranque una sonrisa y les ayude a hacer un clic mental para cambiar su estado de ánimo.

Hace ya más de un año que vengo utilizándolo con nuestro hijo y aunque no es infalible, me ha ayudado mucho en algunos momentos de efervescencia y calor cuando los ánimos están caldeados y está atravesando uno de sus episodios.

Lo curioso es que el poder pañal no sólo es un código entre padre e hijo sino que ha trascendido, porque ahora nuestro hijo lo usa para saludar a otras personas porque lo encuentra divertido y es correspondido al hacerlo.